Razones por las que no querrás que tus hijos estén quietos (o no demasiado)

Como todavía sucede en muchas familias mexicanas, mi abuela era la principal encargada de cuidarnos a mis hermanos y a mí, mientras nuestros padres trabajan o cuando tenían compromisos a los que no podían llevarnos.

Éramos unos torbellinos y más de una vez la sacamos de quicio, al punto de que la obligamos a usar la famosa técnica del “chanclazo”. Sin embargo, cuando veía que uno de nosotros estaba extrañamente callado y quieto, exclamaba “Y ahora, ¿de qué se habrá enfermado este chiquillo?”

Sí, aunque la mayor parte del tiempo su sueño era que dejáramos de correr, gritar y pelear, bien sabía que estar sentado e inactivo por mucho tiempo no era la condición propia de un niño sano.

Ahora, en cambio, muchos padres aceptan como lo más normal el que los ratos libres de sus hijos transcurran de manera pasiva. No conformes con saber que durante un día de clases pueden pasar hasta seis horas sentados en sus bancas escolares, perciben sin preocupación e incluso con cierto alivio, el hecho de que al llegar a casa se sienten en la sala para ver la televisión o en una silla frente a la computadora, para dedicar largas horas a navegar por internet.

Tener a los niños entretenidos con actividades que no implican escándalo, carreras y hasta posibles accidentes puede parecer un estado idílico, en el que los padres tienen oportunidad de hacer otras cosas sin tener un constante caos en torno suyo. Sin embargo, esas diversiones pasivas en exceso pueden comportar otros riesgos y además obstaculizan el desarrollo de hábitos saludables.

Por eso, a continuación te doy algunas razones por las que no deberías querer a tus niños demasiado quietos.

  1. No hacen suficiente ejercicio físico

Los especialistas consideran que un niño debe hacer al menos dos horas diarias de ejercicio. Este tiempo puede distribuirse entre prácticas deportivas y juegos que impliquen actividad física. Sabemos que el ejercicio es fundamental a cualquier edad, pero en los niños es aún más importante, porque favorece el desarrollo de su organismo.

  1. Son más vulnerables a enfermedades relacionadas con el sedentarismo

Un niño que pasa demasiado tiempo inactivo tiene más posibilidades de padecer deficiencias en el desarrollo muscular y óseo. Si a esto sumamos que diversiones como ver la tele o jugar videojuegos suelen acompañarse con grandes dosis de comida chatarra, tendremos que los niños inactivos son más vulnerables al sobrepeso, la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Y esto ya no sólo es un riesgo que pueden enfrentar al crecer; desafortunadamente, este tipo de padecimientos ya se registran en niños.

  1. Desarrollan menos habilidades sociales

Algunas formas de entretenimiento que prefieren los niños hoy en día, como jugar en el celular o navegar en internet, tienen la desventaja de aislarlos de su entorno. En vez de platicar o jugar con sus hermanos, padres o compañeros, los pequeños están absortos en las pantallas de sus dispositivos. Y peor aún, es muy probable que contacten a otras personas por estos medios, pero se tratará de desconocidos que pueden representar un gran riesgo.

  1. Tendrán más dificultades para cambiar sus hábitos

Si no entiendes por qué tu hijo adolescente no quiere hacer ejercicio, no le gusta leer, tiene problemas para llevar una dieta saludable o apenas si te dirige la palabra, deberías preguntarte cómo dejaste que transcurrieran sus juegos y diversiones de la infancia. Todos llegamos a sentir desgano y flojera en algún momento o tenemos dificultades para no caer en tentaciones con la comida, pero es mucho más fácil volver al camino saludable si desde pequeños nos habituamos a disfrutar diversas actividades y no sólo a estar sentados frente a la tele.