Tips para que tu hijo coma mejor

Los niños, si pudieran comer todos los días ya sea pizza, hamburguesas, hotdogs, pasteles y dulces, serían los más felices del mundo… por un tiempo.

Así es, como madres sabemos que este tipo de alimentos, si bien nos pueden sacar de algún atolladero durante un día ajetreado, o es el menú en una fiesta infantil, sabemos que está muy alejado de ser una comida sana, saludable y equilibrada.

Constantemente estamos buscando la forma de llegar al paladar de nuestros hijos con comidas que les gusten y que además sean nutritivas y equilibradas.

Para algunas mamás ésta puede ser una tarea muy compleja, porque el niño se niega a comer frutas o verduras. En otras porque el pequeño come más de lo recomendable.

En mi caso, por ejemplo, mi hijo mayor come perfectamente todo lo que le doy, de hecho fue un niño modelo desde muy pequeño, porque comía alimentos como el brócoli, aceitunas y todo aquello que le indicaba su pediatra.

Cuidé su alimentación y el niño hasta el momento se encuentra sano y no me preocupo en lo que al menú del día respecta.

La historia con su hermano fue muy distinta y es hora de que no logro hacer que incremente su abanico en cuanto a frutas y verduras, y eso es desesperante, ya que batallo día a día sobre qué hacer de comer para todos.

Dentro de las muchas recomendaciones que he seguido han sido las siguientes:

vivir-comiendoMejorar el ambiente a la hora de comer. Esto significa que la atmósfera a la hora de la comida sea grata, sin interrupciones de televisión, radio, móviles, etcétera. Solo la charla familiar, a lo mejor acompañar con una música suave y adornar la mesa con flores.

El colocar la mesa con todos los implementos a usar dará también la sensación de que es la hora de comer.

Comer en familia. Esto lo hemos conseguido desde que mi esposo trabaja cerca de casa. Así que todos nos sentamos juntos a la hora de desayunar, comer y cenar, siguiendo el patrón del punto anterior. Esto consigue la armonía familiar y también el hecho de dedicamos un momento para ponernos al día sobre lo que hace cada miembro de la familia.

Raciones adecuadas al tamaño del comensal. Este punto me ayudó mucho con los niños, ya que el mayor estaba comiendo mucho más de lo que su estómago aguantaba, mientras que el pequeño conseguía comerse lo que había en el plato.

Este fue una tarea ardua, porque mientras uno exigía más alimento, el otro quería menos. Así que busqué el punto medio de ambos y poco a poco conseguimos ajustar una ración adecuada a la edad y requerimientos de cada uno.

Averiguar por qué no le gusta cierto alimento. Esto ayuda mucho cuando el pequeño ya habla y es el caso de mi hijo menor. Cuando le preguntaba por qué no comía cierto alimento me explicaba que se era por su textura, sabor, que tenía semillas, era ácido o muy dulce.

Dependiendo del alimento y la sensación que originaba a mi hijo, es como estoy consiguiendo cambiar un poco ya sea su presentación, cocción o sabor.

A veces la presentación de los alimentos la hago como si fuera el box lunch que tanto le gusta.

Algunas voces me han dicho que no debería hacerle caso a las “exigencias” de mi hijo, solo que como madre, al ver que tu hijo llega a pasar días sin comer bien, es una sensación incómoda, por lo que a la larga esto implica.

Ahora estamos justo en este tercer punto y haciendo solo unos pequeños ajustes he conseguido que mi niño incremente la aceptación de más sabores e incluso poco a poco ha comenzado a aceptar el comer lo mismo que el resto de la familia.

Creo que en este punto lo que necesitaba es adaptar mejor su paladar y darse la oportunidad de probar.

En fin, la cuestión es seguir apoyando a nuestros hijos para que crezcan lo más sanos posibles.

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