Cada embarazo es único y tienes derecho a vivir tu propia experiencia

Hoy recibimos la noticia de que mi mejor amiga y su esposo están esperando su primer bebé. Y ante una noticia así, todos estamos más que felices por ello.

Después de felicitarlos nos dispusimos a salir a comer para celebrar la noticia y fue cuando vi con mayor claridad que el rostro de mi amiga se encontraba más que iluminado con ese brillo en los ojos que sólo las que están esperando un bebé tienen.

Ese es un brillo especial y particular, que solo en este estado una mujer tiene y más si es un embarazo deseado.

Ya en la comida, también se comenzaron a ver los cambios propios de un embarazo. La futura madre comienza con ciertos cambios o desajustes en su alimentación.

Algunas padecen más que otras y todos los embarazos son diferentes.

En mi caso, con mi primer bebé no padecí de náuseas o falta de apetito. Sí se me modificó un poco el paladar ya que se me antojaban ciertas cosas que en condiciones normales no eran de mi preferencia y en cambio dejé de comer otras.

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Para el segundo bebé las cosas fueron muy diferentes ya que todo me daba asco y no podía comer casi nada. Y cuando lo hacía comía muy poquito porque me sentía satisfecha rápidamente.

En fin, cada mamá es mundo y cada bebé un embarazo diferente.

Y bueno, cuando una mujer espera bebé, llueven las recomendaciones y un mundo de anécdotas (buenas y malas) que solo logran poner nerviosa a la futura mamá.

Si estás en esta situación, mi única recomendación es: sigue lo que te indica tu corazón y tu intuición. Busca sentirte cómoda con tu médico y solo sigue sus instrucciones o recomendaciones, poniendo tu intuición por delante.

De ahí en fuera… las experiencias de otra mamá son eso, sus propias experiencias y tú tienes el derecho de tener tu propia experiencia.

Ahora bien, el médico estará revisando la evolución de ambos: mamá y bebé durante el embarazo, así que entre básculas y balanzas, algunos estudios de laboratorio y el participar en un buen curso profiláctico sería genial para que vayas poco a poco asimilando los cambios tanto de tu cuerpo como los hormonales.

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La compañía y acompañamiento de la pareja sería un buen soporte emocional, siempre y cuando las cosas fluyan y se encuentren bien entre ambos. De lo contrario, más vale sola que mal acompañada.

Recuerda que todos los embarazos son diferentes y las experiencias del resto de las mamás no deberán ser exactamente la tuyas, por lo tanto no te angusties si escuchas que a fulanita le pasó tal o cual cosa o sintió “X” reacciones o sensaciones.

Sólo enfócate en ti y en tu bebé, ambos son únicos y en este momento, su momento, están en una simbiosis única, conociéndose mutuamente, y eso hace que tu embarazo sea único.

Sí es bueno leer para tener un poco de conocimiento sobre lo que sientes y entra una ansiedad por comprar toda literatura que se ve y explorar todo lo que encuentras por Internet, mas no dejes que influya en tus emociones.

Esto mismo que te comparto, lo hice con mi querida amiga… solo disfruta de este momento porque es único en el milagro de la vida y has sido bendecida por ser parte de ese milagro.

Me despido deseándote lo mejor, y que tu bebé y tú tengan un buen viaje y lleguen a puerto sanos y felices.

Tranquila, estás en buenas manos

Una de mis mejores amigas está embarazada con su primer bebé. Como ya se imaginarán, es un mar de emociones y sentimientos. La mayor parte del tiempo está feliz y no es para menos, pues su embarazo es uno muy deseado y esperado. Pero a veces sufre los efectos de las hormonas, que además de inducir cambios a nivel fisiológico, influyen en el estado emocional. Y a cualquiera de estos dos estados hay que agregarle las preocupaciones; algo que, me temo, no abandona nunca a las mamás.

Hace poco nos vimos y me habló de una preocupación muy concreta, en relación con la asistencia médica durante el parto. Resulta que mi amiga había leído una nota en internet, acerca de un bebé que tuvo un traumatismo craneal, probablemente debido al uso de fórceps; la nota mencionaba también que entre el personal que asistió el parto se encontraba un médico residente. Como sabe que yo he trabajado en hospitales de enseñanza, mi amiga quiso comentar el caso conmigo y preguntarme tanto si era normal que los residentes atendieran partos como si estaban capacitados para ello.

La imagen que tenemos de los residentes, un tanto filtrada por las series de televisión y a veces exagerada por los rumores que llegan a todo aquel que tiene un amigo médico, es la de alguien sometido a una presión excesiva, con cargas de trabajo que muchas veces superan sus fuerzas y quienes a pesar de los años de formación que ya llevan a cuestas, no tienen experiencia práctica. Lo anterior no dista mucho de la realidad, aunque la cantidad de trabajo y presiones que se puedan tener es muy variable, dependiendo del hospital en el que se haga la residencia.

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Sin embargo, lo que no siempre se toma en cuenta o incluso se ignora, es que para ser admitidos como residentes, los médicos deben superar varias pruebas y además siempre están bajo la supervisión de un especialista en el área en la que trabajan. El primer filtro que pasan los médicos para ingresar a un hospital como residentes es el ENARM (Examen Nacional de Residencias Médicas). La prueba mide los conocimientos, tanto generales como especializados, que el médico ha asimilado a lo largo de sus estudios, así como la capacidad de ponerlos en práctica para formular un diagnóstico.

Según el hospital y la especialidad en los que se quieran colaborar, existen otros requisitos que deben cumplirse. Al empezar la residencia, el médico no actúa sólo; se integra a un equipo, en el que trabajará con otros residentes y, sobre todo, con profesionales más experimentados. Los residentes no pueden autorizar procedimientos ni tomar decisiones críticas. Cuando hay que tomar una medida con la que deba tenerse suma precaución, como el uso de fórceps en un parto, es el supervisor quien lo autoriza y asume la responsabilidad por lo que pueda pasar.

Los residentes del ginecología y obstetricia, la especialidad que más concierne a una futura mamá, están capacitados para atender un parto normal y para reaccionar en caso de que haya complicaciones. Sin embargo, siempre deben actuar bajo supervisión. Tales son los criterios bajo los que se debe operar en cualquier hospital y si esto no sucede, es importante denunciarlo, para que se tomen las medidas necesarias.

Estrategias para formar niños bilingües

Una de las preocupaciones fundamentales de toda mamá, y también de los papás, por supuesto, es la de dar la mejor educación a los hijos, para que desarrollen todo su potencial y puedan afrontar todos los retos que les presentará la vida.

Hace algunas décadas, esa preocupación se manifestaba cuando llegaba el momento de buscar un jardín de niños o una escuela primaria para los pequeños. Pero las investigaciones en los ámbitos de la neurología y la psicología demostraron que los seres humanos comenzamos a aprender desde etapas muy tempranas y que aun cuando los bebés no puedan asistir a una escuela y participar en una clase, como los niños mayores, sí pueden adquirir diversas habilidades, además de las esenciales, como hablar y caminar.

Este hecho dio pie a variadas estrategias de estimulación temprana, mediante las que se buscaba familiarizar a los infantes con habilidades y prácticas como la música, el desarrollo psicomotriz o la comprensión de varias lenguas. Este último aspecto es uno de los que más interesan a los padres, porque como bien sabemos, el dominio de una lengua extranjera ya no es una ventaja, sino una necesidad, para desenvolverse en un mundo tan competitivo e internacionalizado como el nuestro.

En México, el inglés sigue ocupando el primer lugar entre las lenguas extranjeras que más se estudian. De hecho, algunas escuelas privadas imparten programas bilingües o semi-bilingües, para que los niños aprendan el inglés a la par que el español y posteriormente puedan estudiar otras lenguas, lo que realmente les dará una ventaja. Pero no todas las instituciones cuentan con programas semejantes o bien implementan la enseñanza del inglés, pero no de manera intensiva; por ello muchos padres buscan cursos de inglés para niños o algún otro recurso que les permita dar una educación bilingüe a sus hijos.

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Al respecto existen muchas creencias y no todas ellas son certeras. Se dice, por ejemplo, que sólo las personas que escuchan dos idiomas prácticamente desde la cuna se vuelven realmente bilingües y que entre más tarde se inicie el estudio de la lengua extranjera, más difícil será dominarla. Sin embargo, se ha demostrado que cualquier persona, sin importar su edad, puede volverse bilingüe o incluso políglota; todo es cuestión de encontrar el sistema de aprendizaje adecuado y de poner dedicación y empeño al estudio.

Si tus hijos no van a un jardín de niños bilingüe o si no les cantaste canciones de cuna en inglés, no te preocupes. Aún estás a tiempo de ayudarles para que hablen esta lengua básica como unos expertos. Las siguientes recomendaciones podrán ayudarte.

Buscar cursos de “inmersión” en el idioma

Se trata de las clases en las que se habla en inglés desde el primer día, aunque los alumnos no tengan conocimientos previos del idioma. La idea es que cualquier lengua se puede adquirir como lo hicimos con la lengua materna, es decir, escuchando e imitando.

Llegar a una clase impartida en un idioma extraño puede resultar un poco intimidante los primeros días, pero los maestros suelen emplear imágenes, mímica, juegos y otros recursos lúdicos para que los alumnos comprendan y se diviertan al hacerlo.

Evitar las presiones

“A ver, ¡di algo en inglés!”, tal era el comentario que algunos familiares hacían cuando se enteraban de que yo estudiaba inglés en la primaria. Yo enrojecía, aunque más bien de coraje, pues me sentía como un perrito al que le dijeran “¡Hazte el muertito!”.

No esperes que tus niños puedan o quieran comunicarse en inglés desde sus primeras clases. Los expertos en la enseñanza de idiomas describen un “periodo de silencio”, que puede ir de los seis a los doce meses, en el que los niños no podrán expresarse con fluidez en la lengua extranjera; sin embargo, su cerebro estará captando y aprendiendo los conceptos. Dicho periodo puede ser más breve o largo; lo importante es que tengas paciencia y esperes a que tus hijos digan sus primeras palabras en inglés cuando estén listos, tal como lo hicieron con su lengua materna.

Fomenta la práctica del idioma de manera divertida

¿Tus hijos quieren ver la nueva película de Disney? Llévalos a ver la versión original. ¿Les gusta la música? Ponles canciones en inglés cuando vayan en el coche o cuando estén jugando en casa. Apóyalos con recursos como estos, sin hacerles sentir que están en clase o haciendo tarea. Simplemente, haz que el inglés se vuelva parte de su entorno cotidiano.